Derechos menos-válidos

Fuente: La Voz de Galicia

En noviembre del 2009, en Vigo, cuatro jóvenes pretendían entrar en un pub para divertirse. El responsable del establecimiento les vetó el acceso. Luego justificó su decisión ante la policía argumentando razones de seguridad, porque «temía que los jóvenes, por su condición, le causaran algún alboroto en el interior». Intervino la policía, y cuando los agentes le preguntaron «si tenía alguna razón objetiva para pensar que estas personas pudieran causar algún problema», el propietario admitió que no había motivo para pensar que los jóvenes fuesen a comportarse de manera violenta. La policía trasladó los hechos a la Fiscalía. Los jóvenes tienen discapacidad psíquica.

En marzo de este mismo año, en A Coruña, se juzgaba a tres hombres que desnudaron a un vecino, le ataron los pies, le amarraron un cinturón al cuello a modo de correa y lo pasearon durante ocho horas por seis bares de tres pueblos cercanos. Le apagaron dos cigarros en las piernas, lo hicieron bailar sobre una mesa de billar y, desnudo, le golpearon los testículos con el taco. El hombre tiene discapacidad psíquica.

También en marzo, la Audiencia de Valencia ha confirmado la sentencia del Juzgado de lo Penal número 12 contra la administradora de un pub que echó del local a un grupo de ocho personas con síndrome de Down que habían acudido a divertirse. La Audiencia ratificó que se cometió un delito contra las libertades públicas. Se condenó a los responsables del pub por violar los derechos civiles de unos jóvenes con discapacidad.

Comparemos: en A Coruña se toleró institucionalmente la monstruosidad de privar de libertad a una persona durante ocho horas y someterla a torturas, como objeto de diversión, abiertamente y ante los ojos del público, sin que nadie lo socorriese. Pese a intervenir la Fiscalía, se cerró el asunto con un arreglo entre las partes. Y hace pocos días, en septiembre, otro juzgado gallego comunicó a los afectados de Vigo que archivaría la denuncia «al no ver indicios de discriminación alguna». ¿Prejuicio o esperpento?

Parece que en Galicia los derechos de las personas con discapacidad son dejados a los pies de los caballos. Muchas son las personas discriminadas cada día porque sus cuerpos, sus mentes o sus sentidos funcionan de forma diferente a la mayoría, y muy pocas de ellas pueden defender sus derechos cuando son maltratadas. Si un juzgado es tolerante con el odio, la violencia y la discriminación por ser diferente, estará perpetuando el minusvalidismo que, como el racismo, radica en disminuir el valor de las personas. ¿Acaso es ese el mensaje que desean enviar, señorías?

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